Mi enfoque
Trabajo desde la convicción de que el síntoma psiquiátrico nunca es un dato suelto: es la punta visible de una historia personal, familiar y social. Por eso mi forma de evaluar combina el diagnóstico médico riguroso —entrevista clínica estructurada, revisión de informes, exploración cognitiva cuando aplica— con una lectura sistémica del paciente: qué dinámicas vinculares sostienen el malestar, qué apoyos están disponibles, qué expectativas arrastra el sistema familiar. La medicación, cuando es necesaria, se introduce con prudencia, en dosis ajustadas y bajo seguimiento estrecho. Nunca es la primera palabra de la conversación.
Soy psiquiatra muy enfocada en la psicoterapia. La conversación clínica, la lectura sistémica del síntoma y el trabajo sobre la historia personal y familiar son el centro de la consulta. Los fármacos los uso cuando son necesarios: para acompañar un cuadro agudo, para sostener un proceso terapéutico que de otro modo se atascaría, para tratar lo que claramente requiere medicación. Nunca como primera respuesta automática y siempre en la dosis mínima eficaz, con seguimiento estrecho. Esa combinación —psicoterapia como vertebral, farmacología prudente como apoyo— es lo que define mi forma de trabajar con adultos.
